Modiano - Piacentine Nº 81 / 25
Llevo ya una temporada queriendo explorar el mundo de las
barajas italianas, pero debo admitir que me siento algo intimidado por
su inmensa cantidad de patrones y variantes. A diferencia de un
sistema más o menos definido como pudiera ser la baraja española, aquí
nos encontramos ante un conjunto heterogéneo de influencias y estilos
regionales; no tienen necesariamente una línea de diseño cohesiva, sino que se
agrupan de manera puramente geográfica. Sin embargo, a pesar de
sentirme abrumado por el exceso de información, he decidido dejar de
postergarlo y tirarme por fin al proverbial barro que constituye este
fascinante microcosmos naipero.
Para empezar a adentrarme en este
nuevo territorio, decidí meter la mano a ciegas en el cajón y dejar que el
azar eligiera por mí. La afortunada ha sido la baraja Piacentine de la
marca Modiano. Como he mencionado, no la he elegido por un motivo en
especial, ya que todas me parecen sumamente bonitas e interesantes, y había
que empezar en algún sitio.
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Al examinarla, lo primero que destaca es la presencia de
palos españoles tradicionales en lugar de franceses o de
variantes propias de otras regiones de Italia. Es un detalle llamativo
si tenemos en cuenta que Piacenza se encuentra en el norte del
país, donde estos últimos son más habituales. Sin embargo, esta aparente
anomalía geográfica puede tener una base histórica: al igual que
ocurrió con los territorios del sur, esta región también estuvo bajo el
dominio de la Corona española durante el siglo
XVIII (concretamente el Ducado de Parma y Piacenza). Ese periodo
pudo haber sido suficiente para que nuestro sistema de palos echara raíces en
este entorno.
Otro detalle que salta a la vista es la presencia de
figuras dobles o gemelas. Al verlas, es fácil caer en la tentación de
pensar que se trata de una influencia venida de Europa central, pero la
realidad es mucho más trivial. La adopción de las figuras reversibles en el
patrón piacentino es bastante reciente; de hecho, no empezaron a
imprimirse con este formato hasta bien entrado el siglo XX. Se trató de
una simple modernización utilitaria para facilitar el juego y que acabó
convirtiéndose en la variante predominante dentro del patrón, subrayando que
no se trata de una característica definitoria del mismo.
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Esta es, en realidad, la segunda baraja italiana que presento en
el blog. Previamente hemos analizado la baraja
Sarde, que es básicamente una baraja española en toda regla. Incluso podemos
rastrear los orígenes de sus diseños a Clemente Roxas y su
baraja neoclásica, muy popular en España durante el siglo XIX. Por otro lado, si
bien la influencia ibérica también es muy patente en la
baraja piacentina, esta se aparta un poco más de sus orígenes para
adoptar una identidad más definida.
Se mantiene la estructura
básica de la baraja española, con oros, copas, espadas y bastos,
distribuidos en 40 naipes que van del as al 7, seguidos de
tres figuras (sota, caballo y rey). Sin embargo, existen también
diferencias significativas, como la ausencia de pintas e
índices numerales, así como el propio formato de las cartas. Al ser
menos anchas adquieren un aspecto elongado que, en mi opinión, les da
un toque elegante. Estas características las comparte con otras de sus primas
regionales, siendo una de las excepciones la ya citada
Sarde.
Centrándonos en el apartado de diseño, destacan
especialmente los ases y, dentro de estos, el de oros, con una
imponente águila real portando una corona. En versiones antiguas de
este patrón, el pecho de la rapaz estaba ocupado por un círculo en blanco
destinado al timbre fiscal, que en nuestro ejemplar se ha
reemplazado por una gran moneda. El as de bastos, a diferencia
del típico «leño nudoso» que solemos ver en barajas españolas, está
representado por un tronco con varios muñones de ramas cortadas y una
rosa creciendo en su base. El de espadas, por una cimitarra
adornada con un listón de flores y sostenida por un querubín. Y finalmente, el
de copas, más en línea con lo que esperamos de esta carta, presenta un
elaborado cáliz que mantiene la cohesión y elegancia del resto del
conjunto.
Sin querer alargar de más esta sección, solo quiero
resaltar que el resto de las cartas mantiene la sobriedad de los ases,
logrando un conjunto estéticamente muy potente. Personalmente, creo que este
es uno de los grandes atractivos del patrón, un rasgo que se mantiene
constante en otras barajas de esta familia y que analizaremos en el futuro.
Finalmente,
hablemos un momento de nuestro ejemplar en concreto. Al igual que ocurre con
la Sarde y con las demás barajas de la marca Modiano, los
materiales y acabados son excelentes. En este caso nos encontramos con un
acabado satinado muy suave, tirando a mate, y una
cartulina gruesa y bastante firme. Esto le confiere una gran sensación
de robustez y durabilidad; es quizá un poco más rígida de lo que me
gustaría, pero transmite muy buenas sensaciones de igual manera.
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No creo que cubra todas las barajas italianas de mi colección del tirón.
Más bien, me parece mejor ir espaciándolas un poco, por un lado para no
saturar al lector y, por otro, para darme tiempo a investigar un poco sobre
ellas. Lo que sí tengo planeado es estructurar las entradas para agrupar al
menos parcialmente este diverso conjunto, empezando por lo más «fácil», que en
este caso son los patrones italianos con palos españoles clásicos.
De manera experimental he incluido este reproductor de audio con el texto de la entrada narrado. Como siempre, cualquier comentario o recomendación será más que bienvenido.
Oros
Copas
Espadas
Bastos
Dorso y Cartas Extra
Caja

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