PARTE I: Victoria ¿Tango o Mariachi?

 


Mi plan original con esta baraja era el de una entrada en el estilo habitual del blog, con algo de contexto histórico, una descripción y mis impresiones sobre las calidades. Sin embargo, he encontrado información que me ha obligado a hacer una «súper entrada» dividida en varias entregas. Esta sería la primera parte de dicha serie y, a diferencia de lo que el amable lector está acostumbrado, estas no pueden leerse de manera independiente y se deben considerar como una única obra, dividida en fragmentos por motivos «logísticos».

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Vayamos por partes, empezando por lo más importante, que es identificar nuestro ejemplar. Se trata de un facsímil de la célebre colección de Ediciones del Prado, llamada Baraja Victoria. Argentina, siglo XX (1915), que como siempre ya nos ofrece pistas sobre su origen y antigüedad, aunque en este caso debemos tomarlo con pinzas y leer la letra pequeña, que es donde se ocultan los detalles más cruciales.

En el catálogo del Museo Fournier nos cuentan una breve e inspiradora historia. El mazo habría sido fabricado en Argentina a principios del siglo XX por exempleados de Fournier. Este relato lo he visto repetirse en más de una ocasión, cosa que no debería sorprender, ya que no tenemos motivos para dudar de lo que se indique en una publicación oficial de una institución como pueda ser este museo.


No obstante, un detalle me llamó siempre la atención, y es que la gran mayoría de las barajas argentinas de esta época eran de patrón catalán, a diferencia de nuestro ejemplar de patrón castellano. Esto tampoco sería impensable, dado que nos refieren claramente que se trata de trabajadores de la casa donde se desarrolló dicho estilo. Por otro lado, el patrón castellano ha sido muy predominante en México al menos desde finales del siglo XIX. Estos hechos fueron los que me llevaron a indagar un poco más al respecto y por los que acabé adquiriendo cuatro números de la revista de ASESCOIN (Asociación Española de Coleccionismo e Investigación del Naipe) en los que se habla concretamente de cartas hispanoamericanas, para ver si así lograba sacarme esa pequeña piedra del zapato.


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Pasemos ahora a una revisión cronológica pormenorizada de los datos relevantes que han aparecido en estas publicaciones.


ASESCOIN — N.º 15 (1996): Se presenta una baraja bajo el nombre de «Victoria», hecha en México y registrada el 12 de julio de 1923, cuyo envoltorio reza «Naipe Victoria N.º 2». Basada en un modelo de Fournier previo a 1889, aunque curiosamente las cartas mostradas en el artículo no parecen corresponderse con el ejemplar que hoy nos ocupa.


ASESCOIN — N.º 17 (1997), «Barajas Plagiadas a Heraclio Fournier»: Aquí ya se muestra la baraja correcta. El artículo indica que el mazo se encuentra en el Museo Fournier, fechado alrededor de 1915-1920, y se cataloga oficialmente como argentino. Sin embargo, el autor advierte que se requiere un estudio en profundidad, y que existen razones para pensar un probable origen mexicano. No se aportan los motivos de esta afirmación, pero sí se señala que, a diferencia de otros clones de Fournier, en este se realizaron cambios conscientes en el diseño para diferenciarlo del original.


ASESCOIN — N.º 25 (2001), «Las barajas de símbolos españoles en América»: En este volumen no se aportan nuevos datos y parece confirmarse lo que hemos visto en los anteriores:

  • Sección Argentina: Se recoge nuestro mazo repitiendo palabra por palabra la versión oficial del Museo Fournier, reafirmando su origen argentino.
  • Sección México: Para mi sorpresa, vuelve a aparecer una baraja «Victoria», con imágenes del mismo envoltorio y los mismos naipes que vimos en el artículo de 1996 (N.º 15).


Con estos datos un poco crípticos y algo enrevesados, podríamos concluir que estamos simplemente ante un caso de homonimia y que, siendo contemporáneas, se fabricaron en extremos opuestos del continente americano; una baraja argentina y otra mexicana que comparten el nombre «Victoria», denominación frecuente en barajas españolas de finales del siglo XIX en adelante, por el simple motivo de su parecido a «Vitoria», leyenda infaltable en mazos elaborados por Fournier.


Sin embargo, los lectores más sagaces recordarán que al principio he dicho que había leído cuatro números de la revista, y aquí solo hemos desglosado los tres primeros. Muy a pesar mío, lo dejamos aquí de momento y el desenlace lo veremos en la siguiente entrada, ya que esta quedaría demasiado extensa y, sobre todo, porque necesitamos presentar otro mazo que terminará de cerrar este misterio digno de una película de cine noir

 

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Nota:
En esta sección dejo enlaces a las siguientes secciones de esta reseña, que iré actualizando conforme se vayan publicando. 

 

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Comentarios

  1. Hola José Luis muy interesante artículo. Toda una novela de misterio por entregas. Para mi esta baraja es de México fabricada por Clemente Jacques. En Argentina Naipes Victoria fue una marca muy conocida. La empresa fabricante era Compañía General Fabril Financiera S.A. primitivamente se llamaba Compañía General de Fósforos. El logotipo del cuatro de copas y la caja mostraban a un gladiador de pie victorioso sobre un león muerto. Entiendo que Clemente Jacques se inspiró en el modelo castellano de Fournier que luego fue evolucionando hacia lo que podemos llamar un Patrón Mexicano. Las sotas se insinúan ya femeninas típicas del citado patrón . Bueno espero que todo este misterio se desvele para así aprendemos todos. Saludos

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    Respuestas
    1. Hola, Carlos. Me alegra mucho que te haya gustado la entrada!

      Tu planteamiento va pero que muy bien encaminado. De hecho, el motivo principal de meterme en una reseña tan extensa, más que plantear un misterio irresoluble, es hacer una aclaración y demostrar que ni las publicaciones de la asociación española ni las del propio museo son siempre infalibles, sobre todo cuando la información de origen es algo nebulosa y está mal documentada.

      Estate muy atento a las próximas entregas, porque las publicaciones de ASESCOIN estuvieron un poco sesgadas al principio —posiblemente por la inercia de no querer contradecir el catálogo oficial del Museo Fournier—, pero ellos mismos fueron rindiéndose a la evidencia conforme pasaron los años. Al final, cuando pones todas las piezas juntas sobre la mesa, la verdad cobra sentido de una manera casi poética.

      Muchas gracias por pasarte y por aportar datos tan valiosos, da gusto debatir así.

      Un saludo!

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